8/10/16

El fular es una tela no más...



Hace poco más de cuatro años atrás, cuando estaba embarazada de mi tercer hijo, y como me manejo sola —sin niñera—, se me ocurrió que tenía que buscar la forma de poder tenerlo siempre conmigo. Una cuando es mamá de dos ya busca practicidad y la idea de andar con el babysit a cuestas o carritos gigantes que hay que armar y desarmar de solo pensar ya me estresaba. Tenía que tener libertad de movimiento para poder encargarme de los otros dos y si era posible con la menor cantidad de cosas encima… Todo eso de bolsos con miles de remudas por si llueve, si hace frío, si hace calor, si sale el sol o si refresca que se usa con el primero ya con el tercero ni pensarlo, una toallita y un pañal, y se acabó.

Así fue que pensé en un portabebés. Claro, como mis hijos mayores eran grandes los únicos que yo conocía eran las típicas «colgonas»  o mochilitas de marcas reconocidas comúnmente llamadas aquí «cangurito». Sin embargo se me ocurrió informarme un poco sobre el tema, ya que habían pasado siete años desde la última vez que había tenido un bebé en brazos. Así me enteré del porteo, sus beneficios, los diferentes tipos de portabebebés, lo que había que hacer y lo que no… Y lo primero que dije cuando vi un fular fue: ¡Esto es lo que quiero!

Desde ese momento me puse a la búsqueda de cómo conseguir uno. No había en Paraguay por ningún lado, busqué tutoriales de cómo fabricar uno y me hice uno rústico con camisetas. Sin embargo no me animaba a probar a hacer un fular porque había leído que la tela debía tener ciertas características, y los  nombres de telas que encontraba en tutoriales de internet me parecían excesivamente  calientes o no coincidían con los nombres de nuestras telas. La verdad es que siempre fui muy cuidadosa con ese tema, no soy de hacer no más las cosas, cuando hago algo quiero hacerlo bien. Por eso busqué una marca en Argentina —una muy conocida— y me traje uno.

Entusiasmada me puse con los videos para probar nudos, mi hijo nació en julio así que aunque mi fular era bastante pesado no lo sentí. Sin embargo, llegado el verano, ya me empezó a dar calor. Fue allí que algunas amigas me empezaron a pedir para que les haga uno y fue en ese momento que empezó mi travesía en busca de telas.

Al principio no elegí las mejores, fui probando una tras otra, con mis amigas, con mis primeras clientas, con mi propio hijo, siempre teniendo en cuenta las características —que según leía y me informaba—, tenía que tener la tela. Mi fular era muy elástico y pensé que eso era correcto y más cómodo que los rígidos —pensamiento que veo que tiene la mayoría al iniciarse en el porteo—, hoy si tuviera que volver a portear, lo haría definitivamente con uno tejido…

Mi prioridad era buscar telas que sean las adecuadas y tratar de que sean lo más frescas posibles. Hay fulares hermosísimos en otros países pero lastimosamente no se adaptan a  nuestra realidad climática, que es el mismísimo infierno.

Entonces y luego de varias pruebas, encontré los materiales adecuados. Ya para ese entonces decidí incursionar en otros modelos, hice lo mismo, estudié los distintos diseños, probé uno y otro, investigué cuáles eran más seguros y mejores para la salud del bebé, las medidas, las escalas. Comparé marcas, escuché a aquellos que saben del tema a nivel mundial. Y después de muchísimo tiempo  me animé a sacar las bandoleras con anillas, no lo hice hasta que no conseguí la forma de ponerle las anillas adecuadas. Siempre pensé que un bebé es demasiado delicado y que debemos en realidad buscar lo mejor para él.

Por eso me duele que nuestra cultura del «vai vai no más» que permea todos nuestros pensamientos, aparezca también en esta escena. Me impresiona cuando la gente da opiniones sobre telas para fulares o anillas para bandoleras que se venden a 4mil el metro o que se consiguen en la ferretería. ¿En serio? ¿En serio pueden poner a un bebé en una tela que es 100% poliéster? ¿En serio hacen bandoleras con anillas de bolsas de plástico o de cortina?

Me tocó ver, sí. Me tocó ver esos productos cuando voy a dar asesoría. Realmente son corajudas las personas que se animan a vender algo así a una mamá. Además recuerdo que cuando en un grupo dije que una de esas telas que habían recomendado no era apta para un fular porque era de poliéster y no tenía nada de algodón, me dijeron de todo y echaron comentarios como que las personas que vendemos siempre luego vamos a decir que eso no se hace para poder vender el nuestro.

La verdad es que de los productos de otras marcas no puedo hablar, pero como pionera en el porteo en Paraguay, sí puedo hablar de los míos y de las horas y horas caminando y probando que he invertido —y sigo invirtiendo— para poder presentar productos de calidad. Me he ido al extranjero para estudiar y perfeccionarme, para conocer y aprender lo que está bien. De allí he traído cosas nuevas, he modificado mis productos para que sean de mejor calidad y más cómodos.

No digo que no se pueda hacer un fular casero, pero por lo menos habría que interiorizarse, investigar, probar, buscar lo mejor… Los bebés son demasiado delicados no podemos envolverles no más en una tela que no es la correcta. Y muchas veces dicen: «el fular es una tela no más». Sí, claro que es una tela no más, al igual que la ropa que usamos todos los días, sin embargo no nos ponemos un pulóver de lana en pleno verano, ni nos hacemos un traje de baño de tafeta. Sin embargo para hacernos un vestido de fiesta pagamos sin reparo a una modista de alta costura.

Desterremos un poco esa cultura del peichante, del vai vai no más o la idea del: «Así no más si yo usé ese y a mi bebé no le pasó nada». Realmente me molesta cuando se dan esa clase de consejos a otras madres, porque siempre me pregunto: Si uno tuvo la suerte de que usando algo incorrecto o mal fabricado a su bebé no le haya sucedido nada, ¿será que pensará lo mismo la persona que no tuvo la misma suerte?


Lo que quiero decir con todo esto es que pensemos un poco, valoremos a las personas y sus conocimientos. Somos varias las que nos estamos preparando, instruyendo, para ayudar a las mujeres en cuestiones de maternidad. Ser asesora de lactancia, ser asesora de porteo, ser doula tiene su inversión de tiempo y dinero. Valoremos el esfuerzo de la gente que se prepara e invierte para tratar de darnos lo mejor.

Araceli Samudio
Asesora de Porteo
Dueña de Kunu´u Portabebés

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