27/10/16

Las abuelas en la crianza de nuestros hijos



Hace cuatro años que trabajo en maternidad, hasta ahora específicamente con el tema del porteo, pero siempre yendo de la mano con otros temas relacionados. Durante todo este tiempo he escuchado y visto muchísimas cosas, sin embargo, hasta hoy en día, cada vez que me toca ir a dar una asesoría a domicilio y veo una abuela en la escena, cruzo los dedos y respiro hondo.

No me malinterpreten, no tengo nada contra las abuelas, de hecho me encanta que los niños las tengan cerca y ellas sean partícipes activas de las vidas de sus nietos. Lo que me pregunto es: ¿Hasta qué punto está bien dejar que las abuelas tomen las decisiones importantes con respecto a la crianza que nosotras como madre elegimos para nuestros hijos?

Hoy una persona me contó una nueva anécdota, una abuela más que se escandalizó con el uso del fular e hizo que su hija desistiera en su decisión de adquirirlo, además de en cierta manera ofender a la persona que quiso explicarle los beneficios del porteo acusándola de solo querer vender. A mí ya me ha pasado tener que escuchar a abuelas decir que eso no sirve para nada, que así solo va a malcriar al bebé y que después no se va a querer bajar más de los brazos de su madre. Vi salir de mi local a una mami jovencita casi llorando como una niña porque su madre no le quiso comprar el fular y ella sabía muchísimo sobre la importancia del porteo y quería portear a su bebé. Escuché a una abuela decirme que ella uso portabebés no ergonómicos con sus hijos y que no le pasó nada, que eso es invento para vender... Siempre me pregunto por qué la gente usa la regla del «A mi hijo nunca le pasó nada», como si fuera que tenemos que esperar a que le suceda algo malo a nuestro propio hijo o al de una amiga cercana para poder «creer» que algo es bueno o malo. 


En fin, debo ser justa con las super abuelas porteadoras como las de la fotos en este post. Sí que las hay y también las he conocido. Una vez fui a llevar un portabebé a una abuela que tenía artrosis en los brazos y que necesitaba usarlo para cuidar a su nieto, otra vez una abuela se fue con el fular puesto para poder mostrarle a su nuera (encima no era su hija), como se colocaba.

Pero el punto es que no me quiero referir a las abuelas, ellas ya hicieron lo suyo hace años... Me voy a referir a las madres. Yo entiendo que cuando somos madres —y sobre todo jóvenes y primerizas—, nuestra primera referencia es nuestra mamá. La maternidad nos acerca más a ella, a sus experiencias, anécdotas o historias... y eso está bien, nos enriquece como madres, como mujeres. Sin embargo, no deberíamos dejar que eso nos marque las pautas de las decisiones que vamos o no a tomar. 

No nos damos cuenta hasta qué punto influye nuestra madre en nuestras decisiones hasta que ya tomamos esa decisión —y en ocasiones nos arrepentimos—. Y no se trata solo de porteo. ¿Cuántas mujeres no han abandonado la lactancia exclusiva al oír a su propia madre diciéndole que no tiene leche suficiente? Hay mujeres a quienes sus madres les dijeron: «Es hereditario esto, yo no tuve tampoco leche suficiente y por eso vos y tus hermanos tuvieron que tomar fórmula, por eso no más mi hija no tenés más leche. Tu abuela tampoco pudo». ¿Cuántas mujeres le sacan el ombliguero al bebé cuando se va la abuela y le ponen cuando ella viene para que no se enoje y les rete? ¿Cuántas aún le acuestan boca abajo a su bebé porque la abuela dice que en su época los bebés dormían así y que si le pone boca arriba se va a atragantar con su vómito? ¿Cuántas no se lavaron la cabeza por cuarenta días porque la mamá le dijo que no se lave? ¿Cuántas le dan remedios yuyos porque eso le daba a ella su mamá y no le pasó nada? ¿Cuántas les pusieron limón o quién sabe qué cosa más para destetar a su bebé como su mamá lo hizo con ella?

¿Te preguntaste alguna vez si las decisiones que tomaste con respecto a tu parto y a tu maternidad fueron en base a tus conocimientos e instinto, o a las experiencias ajenas, especialmente las de tu madre? ¿Y por qué digo tu madre? Porque probablemente a la suegra no le escuchemos de la misma manera y no le dejemos participar de forma tan activa como a la madre... aunque algunos casos hay. 

No es que esté mal, no... no es que lo hagan por malas tampoco. ¡Claro que tienen la mejor predisposición y lo hacen de buen corazón! Pero pensemos un poco, ellas tuvieron otras herramientas en su maternidad, eran otras épocas, otro contexto cultural, otra realidad... Ahora estamos globalizados, tenemos mucha más información que las que tenían ellas, yo misma no he criado igual a mi hijo de catorce años y al de cuatro, no contaba con los conocimientos que tengo hoy ni el acceso a los mismos hace diez años atrás, qué serán veinte o treinta. Ellas se guiaban por experiencias cercanas, por el contexto cultural más que nada, no había tanta información, ni Internet, ni grupos de maternidad, ni tribus de crianza... ellas hablaban con sus mamás, sus suegras, las tías y las vecinas... El libro de moda era el de Estivil por lo que dejar llorar al bebé era lo correcto. No digo que lo de antes estaba mal y lo de ahora bien, no digo que no escuchemos sus voces... solo digo que las sopesemos, que analicemos lo que nos dicen, lo que nos cuentan, y las comparemos con la información que hoy poseemos para tomar la mejor decisión para nuestros hijos, después de todo ellas ya criaron los suyos y hoy es nuestro tiempo de criar.

Yo misma hoy me doy cuenta que crecí escuchando que mi madre casi muere tras sus más de 26 horas de trabajo de parto, eclampsia y que le desgarraron con el forceps, y sin embargo conmigo —que tuvo cesárea— fue todo mucho más sencillo y menos doloroso. Por supuesto que cuando me embaracé tenía pánico de tener un parto natural y lastimosamente no contaba con la información que hay ahora para elegir, para decidir.

Por eso me animé a escribir esto hoy, para alentar a las nuevas y jóvenes madres a investigar, sobre maternidad, sobre crianza, sobre lactancia, sobre porteo, sobre educación de los hijos, sobre todo lo que tengamos dudas y ganas de saber... para que cuando llegue el momento de decidir nos «empoderemos» y seamos capaces de decidir lo que creemos que es mejor para nuestros hijos de acuerdo a la información que tenemos a mano y a nuestro instinto. 

No está mal escuchar las anécdotas de mamá, lo que me parece mal es dejar que ella tome las decisiones por nuestros hijos y nuestra maternidad. 

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